Tomando en consideración nuestra experiencia asesorando a empresarios dueños de posadas nos percatamos que muchos de ellos elaboran las más originales excusas para no participar en las redes sociales, o incluso acceder al Internet en su totalidad.
“Eso es cosa del diablo” me dijo una vez un empresario de una bella hospedería a la orilla del mar en el oriente de Venezuela. Pero así como fue enfático al darle calificaciones diabólicas a la Internet, al día siguiente se quejó de que veía una merma en el número de huéspedes y que tendría que publicar varios anuncios en el periódico para promocionar su establecimiento.
Cuando volví a insistir de que intentara a participar en las redes sociales, me volvió a repetir su cliché: “Eso es cosa del diablo”, pero su semblante cambió cuando le dije que podría obtener los mismos o mejores resultados a una mínima fracción de lo que le costaría publicar en un periódico.
Estas últimas palabras lo hicieron reaccionar y hoy es un ávido participante en ls redes sociales.
Sin embargo, todavía existe, y en muchos casos en puestos de alta responsabilidad que condicionan la estrategia y gestión de toda la organización, que se resisten a siquiera considerar armar una estrategia promocional basándose en las redes sociales. Las razones que esgrimen son muchas, y en ocasiones no hacen sino ocultar un claro miedo a la pérdida del control de la gestión, la escasa voluntad de conocer algo nuevo y diferente o el temor a tener que variar el modelo de dirección en el que tan cómodos se sienten.